México ha sido, para bien o para mal, una tierra de poetas. Aquí han florecido algunas de las voces más hermosas e importantes, a través de las cuales podemos ser partícipes de una poesía que no sólo heredó las enseñanzas temáticas y rítmicas del verso español, sino que propone y, sobre todo, está en constante cambio. Es por esto que se ha dado pie a incontables discusiones sobre lo que es y debe de ser la poesía, discusiones en las que posturas muchas veces radicales y opuestas, se confrontan, dando, en ocasiones, resultados estériles que no hacen más que intentar desacreditar a todo aquel que piense diferente.
A todo esto, Mijail Lamas, a sabido hacerle frente. Su posición ante estos debates, su ars poética, queda, sintetizada en uno de los versos de su primer poemario Cuaderno de Tyler Durden: la sola inmovilidad me aterra[i]. Es quizá por esto que la escritura de Lamas nos recuerda por momentos a la multiplicidad de Pessoa o al prisma que, según el ángulo, refleja una luz siempre distinta. Y es ahí, en su primer poemario, donde podemos dar cuenta, por vez primera, de esto: nueve partes que, a la manera de un Frankenstein poético, conforman una sola unidad de muchas partes, “una bala que deja su fulgor/ en la imposible trama del cerebro[ii]”.
Sin embargo es en Fundación de la casa donde el lado más íntimo, más vital del poeta, se hace presente. Una profunda reflexión sobre la naturaleza de los ritmos endecasílabos y alejandrinos, un verso sencillo (nunca simple), descarnado, y el descubrimiento del calor y la felicidad de llegar a casa (no a la paterna, tampoco a esa que siempre está en otro lado, sino a la que uno funda, día a día, palabra a palabra), son los elementos que tejen las líneas de este poemario en donde “todo se restablece[iii]” “y la casa es una tierra hospitalaria[iv]”. Ahí, Lamas se acerca más a los poetas de lo cotidiano, a aquellos que se alojan en nuestros buroes y a los que acudimos en busca de esperanza. Es en este poemario en donde el poeta se deshace de todo exceso, de toda falsa bisutería y vuelve a lo esencial, muestra de esto son los 21 poemas en donde el otro es la metáfora última del hogar:
Mi madre te ha dicho que debo regresar a casa
para estar con la familia.
Apresurado alisto la maleta para el viaje.
Entonces me doy cuenta
Después nos enfrentamos al verano, aunque quizá lo más prudente sea decir Contraverano, título del tercer poemario de Mijail Lamas. Ahí nos aguarda la nostalgia y un sol que no se oculta, ahí recogemos los frutos que Cuaderno de Tyler Durden y Fundación de la casa han dejado. Una nueva voz poética nos espera, en donde el ya maduro conocimiento del ritmo acentual y, lo que Mario Bojórquez llama, una “vinculación con la vanguardia[vi]”, convergen para dar vida a “una mitología privada del verano[vii]”, un libro que ha sido escrito en todas partes, “lleno de voces y plegarias[viii]”, en donde todo lo que existe en la vida del poeta transita como fantasmas que van al encuentro unos de otros. Un poemario que es, a su vez, todo aquello que hemos dejado atrás. Si Fundación es un libro de conocimiento, familiaridad y arraigo, Contraverano es el del exilio y la nostalgia. Podemos pensar en Mijail Lamas como en la mujer de Lot que no puede evitar mirar lo que ha dejado y que, al convertirse en estatua, queda como vestigio del verano o de esa ciudad que hemos abandonado y a la que no pensamos volver.
Voy a darle vuelta a la página de los incendios,
a levantar la pluma de esta hoja que la luz ha despertado,
a oscurecer con un golpe de mano esta flama que se consume a si misma.
Voy a quedarme quieto.
Voy a esperar la estación de nubarrones y mañanas frías.
(el presente ensayo fue publicado en el número 9 de la revista morelense La Piedra. Para más información visitar http://revistalapiedra.com)
[i] Mijail Lamas, Cuaderno de Tyler Durden, Ediciones sin nombre, p. 16
[iii] Mijail Lamas, Fundación de la casa, Ediciones sin nombre, p. 80
[vii] Mijail Lamas, Contraverano, Fondo Editorial Tierra Adentro, Contraportada.
Posted 6 months ago with 6 notes